El uso de la contención física siempre presenta algún peligro para las personas; por ello, debe utilizarse siempre como último recurso. Desde este punto de vista, la mejor contención física es la que no llegar a ser necesario realizar porque han funcionado otras estrategias.
Protocolos
Para los casos en los que no quede más remedio que recurrir a este tipo de intervención, es necesario contar con protocolos que describan por escrito la contención física que puede utilizarse, recogiendo en la descripción los siguientes aspectos:
Descripción de la conducta que requiere del uso de la contención física.
Tipo de contención física que va a utilizarse.
Situación en la que es preciso su uso.
Personal necesario.
Papel de cada miembro del personal.
Duración de la contención física.
Cuándo y cómo dar por finalizado su uso.
Cómo tratar a la persona después.
Tipo de registro.
Se recomienda implicar en todo el proceso de elaboración y revisión del protocolo a algún agente externo (por ejemplo, al Comité de Ética del ámbito territorial en el que se encuentre el servicio).
Resulta esencial informar a la familia y pedir su consentimiento por escrito para la aplicación de este tipo de contención, y conviene hacerlo en el marco de la Planificación Centrada en la Persona. Las previsiones de aplicación de contenciones físicas que se recojan en los planes individuales de atención deben revisarse en equipo con carácter periódico (como mínimo cada seis meses).