Primeramente hay que identificar el tipo y cantidad de recursos que se podrían requerir. Esta tarea puede iniciarse respondiendo a dos cuestiones: ¿Quién puede resolver los problemas?, ¿Qué tipo de ayuda o atención se necesita?
Es importante responder adecuadamente esta pregunta, ya que, para solucionar o resolver algunos problemas bastan los esfuerzos individuales de los afectados, mientras que, para otros, se requiere la asistencia o la cooperación de otras personas e instituciones, inclusive de la comunidad en su conjunto.
Dicho en otras palabras, lo que necesitamos saber en este punto es qué personas o a qué nivel pueden resolver los problemas y las necesidades detectadas.
Por ejemplo: una persona, individualmente, puede ser la responsable de solucionar los problemas derivados de su higiene personal; las necesidades o problemas relacionados con la nutrición apropiada, pueden ser responsabilidad de toda la familia; para alquilar o comprar un vehículo o equipamiento costoso, es posible que sea un grupo el que tenga que compartir su costo; para garantizar el abastecimiento de agua potable será necesario el esfuerzo comunitario junto con el del gobierno local; para asegurar un adecuado suministro de vacunas, la responsabilidad podría ser de los servicios de salud a nivel regional o nacional.
Una vez planteado quién puede resolver mejor los problemas o necesidades, es preciso responder al interrogante sobre qué tipo de ayuda o atención se requerirá, por parte de esas personas, grupos o colectivos sociales, para que puedan, efectivamente, afrontar la solución de los mismos. No es lo mismo que se necesite una ayuda de asesoramiento técnico, que el suministro de alimentos, fármacos o material didáctico, o que se requiera organizar un servicio de voluntariado en ayuda a domicilio. Del tipo de atención/intervención que se necesite, se derivará el tipo de recursos requeridos que, posteriormente, habrá que tratar de obtener.
Una vez que se han identificado las personas que pueden resolver cada uno de los problemas y el tipo de ayuda que se necesita en cada caso, tenemos que identificar los recursos y medios apropiados para prestar esa ayuda; buscando simultáneamente las fuentes en donde se podrían obtener dichos recursos.
Esta identificación y búsqueda de recursos es conveniente que se oriente teniendo en cuenta dos fuentes principales:
Este modo de actuar suele dar mejores resultados a largo plazo, en tanto que impide el establecimiento de ciertas "dependencias" que pueden resultar negativas (ya sea de instituciones, profesionales, o tecnologías inadecuadas al medio). Contribuye, además, al empoderamiento de los sujetos, lo que ya es por sí solo un objetivo del trabajo social. Esto se expresa sintéticamente en el conocido proverbio: "No le des pescado a tu vecino para que coma hoy. Enséñale a pescar para que coma todos los días”:
Ahora bien, los recursos son tanto más apropiados cuanto mejor se adaptan al tipo de acción a desarrollar, a las características de la gente, a la metodología a utilizar, y al grado de participación que se quiere dar o que se espera obtener de la gente, en relación al programa de intervención o a la prestación de determinados servicios.
Debemos tener especialmente presente en este punto, la necesidad de identificar aquellos recursos alternativos internos que, de ordinario, no se consideran por los profesionales ni las instituciones de servicios, acostumbrados a una práctica asistencialista.
En relación a esta tarea de identificación de recursos, será muy útil y práctico que en el diagnóstico se incluya:
Realizar visitas y entrevistas de exploración de recursos, conjuntamente con las personas afectadas (si son varias, mejor). Esto contribuye a una mayor y más pronta incorporación y protagonismo de los afectados en el proceso de solución o mejora del problema, y facilitará elementos para que los interesados participen activamente en la selección final de recursos a emplear, y se impliquen asimismo en el proceso de obtención de los mismos.
En definitiva, de lo que se trata en esta tarea del diagnóstico, es de registrar y sistematizar la información necesaria sobre los recursos y medios de acción necesarios, de cara a posibilitar un buen establecimiento de prioridades y facilitar la programación de actuaciones posteriores al diagnóstico, de forma que pueda establecerse su grado de viabilidad en lo que a disponibilidad de recursos se refiere, aprovechando sobre todo los recursos internos que empoderan a las personas.
Aguilar, M.J., Trabajo social: concepto y metodología. Serie: Ensayos, Manuales y Textos Universitarios, Madrid, Consejo General del Trabajo Social, Paraninfo, 2013, 435 p.