Comenzar a conocer la situación y la evolución psicosocial de la persona nos conduce a la aplicación de un enfoque de intervención integrador que nos obliga a contemplar a la persona en la totalidad de sus dimensiones y atender a los factores personales, sociales y laborales de una manera no fragmentada.
En este sentido, este enfoque debe ir consustancialmente unido a la incorporación de perspectiva intercultural y de enfoque de género, que nos alerte sobre las posibles diferencias en las condiciones de partida, situaciones y necesidades entre personas de diferentes etnias u orígenes por un lado y entre mujeres y hombres por otro.
Es decir, desde el principio de la intervención, debemos: