Este nivel se tiene que abordar desde dos perspectivas. Por un lado, desde el punto de vista de la persona participante, el objetivo consistiría en fomentar su participación plena en su entorno comunitario, de tal manera que participe de las decisiones y promueva los cambios que respondan a sus necesidades. Por otro lado, desde los servicios e instituciones implicadas, se debe promover cambios que faciliten la incorporación de las personas que se encuentran en una situación de riesgo o exclusión social.
Atendiendo a la perspectiva de favorecer la participación de las personas, el objetivo primordial sería intentar que regeneren sus redes de integración primaria, es decir que se produzca su participación plena en el medio social. Por ello, es fundamental concretar espacios de encuentro y realizar un trabajo social que implique a la comunidad en su acogida y apoyo. De los tres procesos que se diferencian en la acción comunitaria: concienciación, organización y movilización (Dumas y Séguier 1997), se considera que el eje central en este nivel de intervención es la organización.
Organizar la incorporación social de personas y grupos, supone la promoción del cambio social, asegurándose de que se producen cambios concretos en el entorno, ayudando a las personas a adquirir la confianza y habilidades necesarias para enfrentarse a los problemas (Twelvetrees 1988) y facilitando la participación en los procesos donde se promueven esos cambios.
En algunos casos, supondrá conectar y vincular a personas y grupos en proyectos ya en marcha, en otras ocasiones se propondrán iniciativas que servirán de punto de partida de procesos de organización comunitaria más amplios, desde donde estas personas puedan seguir siendo las artífices de su propio desarrollo y del de su comunidad, una vez su situación familiar e individual haya mejorado lo suficiente.