Personas mayores

Atención centrada en la persona

Riesgos para la implementación del modelo de atención centrada en la persona

Individualización de la atención y autonomía

  • Fijarnos exclusivamente en los déficits y en las dificultades que presenta la persona.
    • Al centrarnos en el problema, porque en ocasiones es lo prioritario y a lo que tenemos que dar respuesta urgente, podemos olvidarnos de las capacidades que la persona mayor todavía mantiene o puede llegar a desarrollar.
  • «Decidir por» o suplantar de forma automática las decisiones en el día a día de las personas que presentan deterioro cognitivo.
    • Es preciso valorar en cada situación concreta ante qué aspectos puede seguir decidiendo.
    • Para ello precisaremos de buenas dotes de observación, fijándonos especialmente en las expresiones de rechazo ante ciertas situaciones. Son formas de mostrar su disconformidad y deben ser tenidas en cuenta, y en la medida de lo posible, respetadas.
  • Las prisas o no ajustarnos a los ritmos de las personas.
    • Podemos dificultar que la persona mayor decida y haga las cosas por sí misma.
    • Tampoco creamos un clima de escucha y entendimiento.
    • A veces simplemente es cuestión de ser pacientes, es decir, de cambiar el «chip», no ir con tanta prisa y ajustarnos al tempo de la persona.
    • Otras veces, por cantidad de trabajo o por tener que atender a más personas no será posible; cuando esto ocurra, al menos deberemos explicarle los motivos que nos llevan a responder así.
  • Pensar que las expresiones de las personas con demencia avanzada están siempre ausentes de significado, y por tanto lo adecuado es desatenderlas o, si son molestas, reprimirlas.
  • Las ocasiones en que las familias, habitualmente desde el apoyo incondicional a los suyos, ocupan el papel de la persona mayor e impiden que ésta se exprese y decida.
  • Resignarnos ante las dificultades para participar de las personas usuarias, dejándolo por imposible.
  • Limitar las decisiones de las personas argumentando la colisión de derechos de terceros cuando se podría dar respuesta introduciendo cambios organizativos asumibles.
  • Creer que la igualdad de trato se deriva y justifica desde la igualdad de derechos.
    • Todo lo contrario, muchas personas necesitan un trato diferenciado para apoyar y hacer efectivo el ejercicio de sus derechos.
  • Abusar o utilizar de forma rígida los protocolos.
    • Un exceso de protocolos o caer en su aplicación «automática» no encaja con la atención personalizada.
    • Muchas atenciones podrán ser propuestas desde pautas de buena práctica o desde protocolos más flexibles que contemplen recomendaciones evitando las acciones secuenciadas idénticas, ya que la flexibilidad y el ajuste a cada situación y a la comunicación personal así lo demandan.
  • Abusar de medidas de sujeción.
    • Las medidas de sujeción mecánica suponen una importante limitación de la libertad personal y por tanto han de ser utilizadas si son estrictamente necesarias y tras haber demostrado la ineficacia de otras alternativas.
    • La falta de personal o de profesionalidad puede generar tanto un abuso de las medidas de restricción física como una prescripción y uso farmacológico inadecuado para eliminar algunas conductas molestas o que entrañan riesgos.
    • Utilizar las medidas de sujeción física como alternativa última y siempre de forma personalizada y temporal, así como llevar a cabo un control médico continuo de los psicofármacos debe ser una práctica habitual.
  • No utilizar de una forma personalizada las tecnologías.
    • Los productos de apoyo o las nuevas tecnologías tienen un gran valor si están al servicio de la persona.
    • Un exceso de las mismas o la aplicación de las mismas de forma uniforme puede provocar lo contrario y situar a la persona al servicio de la tecnología.
  • Centrarnos excesivamente en el pasado de la persona, olvidando que vive un presente y se proyecta hacia un futuro.
  • Usar de forma mimética los instrumentos que pretenden personalizar la atención.
    • Aplicar los mismos instrumentos a todos, de forma seriada, es algo equivocado que contradice la esencia de la individualización.
  • Frivolizar, ridiculizar o restar importancia a los instrumentos o a algunas informaciones que en estos se recogen.
    • Algunas cuestiones o informaciones recogidas, ante ojos ajenos pueden tener poco valor o incluso parecer «tonterías».
    • No podemos dejar de pensar que lo que para cada uno de nosotros es importante en un determinado momento de nuestras vidas lo definimos nosotros mismos y nuestras circunstancias.
  • Utilizar sin consentimiento de la persona, o en su caso de su familia o representantes, los instrumentos de atención personalizada.
    • Este tipo de instrumentos, donde se recogen asuntos tan personales, pueden no ser del agrado de todas las personas; es preciso recabar su consentimiento para ello y asegurarnos de que conocen sus objetivos y aplicaciones.
    • Aceptar de buen grado su rechazo es respetar el ejercicio de su autodeterminación.
  • Banalizar, desatender o atribuir a «manías propias de la edad» las peticiones u órdenes reiteradas (pon esto ahí, colócame bien la manta, cámbiame de sitio) en personas con incapacidad real de hacerlo por sí solas. Aunque estas conductas lleguen a resultar muy «pesadas» hay que entenderlas e intervenir sobre ellas sin perder de vista que su motivación tiene que ver, en gran parte, con una imperiosa necesidad de lograr un mayor control sobre su entorno inmediato.
  • No respetar la confidencialidad que requieren los asuntos y datos personales e íntimos de las personas que se manejan con estos instrumentos (biografía, mapas, fichas, registros, valoraciones, informes, etc.) y la obligación de secreto profesional que, por tanto, conllevan.