La elaboración de un plan de caso debe ser una propuesta de actuación centrada en objetivos consensuados que parta del diagnóstico realizado, después de haber sido compartido con la persona que ha solicitado apoyo. Toma como base, como hemos dicho, los problemas, potencialidades y necesidades, los factores de riesgo y de protección, los recursos existentes tanto reales como potenciales, así como la disposición e implicación de la persona a participar en su propio proceso de cambio.
En cuanto a los objetivos:
- Diferenciar los objetivos iniciales del o de la profesional de los objetivos de la persona o de la unidad familiar, ya que no siempre coincidirán en un proceso de acompañamiento. Por tanto, es importante exponer de forma comprensible nuestros objetivos como profesionales y que las personas expresen los suyos. Es necesario facilitar la expresión de estos objetivos y acercar ambas posiciones, intentando evitar sobre todo, que la persona exprese sólo "lo que cree que el o la profesional quiere oír".
- Objetivos Realistas: Hay que partir del análisis de la viabilidad de los mismos teniendo en cuenta la realidad de la persona y el tiempo estimado de duración del proceso. No pueden partir de máximos sino de mínimos que puedan posibilitar nuevos objetivos más amplios o ambiciosos.
- Objetivos concretos y precisos: es necesario que se puedan observar y evaluar, analizar si los objetivos se van logrando o no y en qué proporción, fundamentalmente para que la persona pueda visualizar las metas conseguidas. Deben ser concretos y con una definición precisa, sin caer en ambigüedades o generalidades. Deben partir de las necesidades y demandas de la persona que acude al programa.
- Objetivos flexibles y revisables: el plan debe integrar una revisión continua por parte de la persona, y de la figura o equipo profesional que continúe el proceso de acompañamiento, pudiéndose añadir, matizar o cambiar los objetivos y acciones previstas.
- Dotar al programa de contenidos, orden y prioridades: es importante que cuando se va a trabajar en clave de acompañamiento los objetivos tomen forma de actividad o acción, de manera que cobren forma real y se concreten en tiempo y forma, no quedando formulados como una abstracción.
- Calendarizar las intervenciones y las metas: la intervención y, por tanto, la consecución o no de los objetivos acordados no se debe prolongar eternamente. Puede ayudar a mejorar la eficiencia de la acción establecer plazos y tiempos de forma consensuada para cumplir acuerdos y realizar tareas. En este sentido, será necesario consensuar los horarios de los encuentros y las tareas en función a los tiempos de los que disponen las personas, teniendo en cuenta las responsabilidades familiares, domésticas y personales. Calendarizar, dotar de realismo a las acciones, y comprometer a las partes. Además, es la única forma de que se puedan evaluar los resultados.
- Adjudicar siempre responsables a los objetivos y tareas, para que quede claro de quien depende su cumplimiento. (…)
Incluimos aquí una propuesta de mínimos que trata de simplificar y facilitar la elaboración de planes de intervención que partan de nuestros diagnósticos y que sean realmente útiles en la intervención.
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