El personal debe reconocer la condición humana de las personas mayores residentes, y su unicidad, es decir, su cualidad de seres humanos únicos, con una personalidad, necesidades, preferencias, valores y miedos que le son propios y que hacen de ella quien es.
La mejor forma de manifestar ese reconocimiento es establecer con ellas relaciones auténticas y recíprocas basadas en la empatía y la compasión, que permitan conocer a la persona, saber qué cosas le importan, y saber cómo se siente (véase apartado 6 del Manual sobre Atención Centrada en las Relaciones).