El aprendizaje de nuevas habilidades de cuidado refuerza la autoestima de la persona familiar, lo que, a su vez, refuerza sus posibilidades de seguir contribuyendo a la atención. El personal puede favorecer este aprendizaje, en particular, en el proceso de intercambio de saberes que se produce de cara a la personalización de diferentes pautas de cuidado. En efecto, en ese contexto, como se ha dicho, la persona profesional puede aprender de la persona mayor y de su familiar y reconocer su conocimiento y experiencia, pero también esta última puede aprender de las pautas propuestas por la persona profesional, aprender gestos que facilitan determinadas tareas, gestos que garantizan mayor seguridad.