El ingreso de la persona mayor en la residencia tiene habitualmente un fuerte impacto en la o las personas familiares o allegadas que le atendían u ofrecían su apoyo con anterioridad. Para estas personas también, el ingreso es una fase difícil, de transición, en la que se mezclan sentimientos de alivio, de culpa y de preocupación.
En esa fase de transición, las personas familiares y allegadas suelen desear seguir participando en la atención de la persona mayor, de forma diferente a como lo hacían en su casa, pero seguir prestando apoyo. Es importante que tengan la oportunidad de hacerlo, porque puede ayudarles a ir abandonando su rol anterior y a ir construyendo su nuevo rol.
Es importante tenerlo presente al definir las pautas de atención, para encontrar en cada caso el equilibrio idóneo entre la conveniencia de promover y facilitar la participación de las personas familiares y allegadas que así lo desean en la atención a la persona residente y la necesidad de garantizar a las y los profesionales la posibilidad de realizar, en buenas condiciones, las funciones que tienen atribuidas.