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Personalización de la atención

En el momento del acceso al servicio, es necesario realizar, con la persona que ingresa y, en su caso, con su familiar de referencia, una valoración integral y, en base a ella, diseñar un plan de atención individualizada que adopte también esa perspectiva integral, con el fin de garantizar al máximo la personalización de la atención. La personalización es un elemento clave de la sensación de seguridad, porque, si se hace bien, es una manifestación, una muestra, de que se tiene en cuenta la identidad de la persona, es decir, su condición humana y su unicidad. Esa es la clave de una mejor atención. Para conseguirlo, es primordial: 

  • Tener presente la necesidad de encontrar fórmulas de atención que permitan responder, simultáneamente, a las necesidades inherentes al ejercicio de los derechos de las personas residentes y a las posibilidades organizativas de la estructura residencial, negociando equilibrios que no sólo las hagan compatibles sino mutuamente benéficas. Este efecto benéfico mutuo es el motor de cualquier proceso de mejora, y se fundamenta en un principio básico, que, con demasiada frecuencia, tiende a olvidarse: el de que la dignificación de las pautas de atención dignifica tanto a las personas atendidas como a las y los profesionales que las aplican.
  • Desarrollar una reflexión en los centros para devolver a los términos “carácter integral” y “personalización de la atención” su verdadero sentido y valor y para repensar la valoración y la planificación individualizada desde esa perspectiva, huyendo de una visión burocrática que conduce a limitar su función a un registro de datos en lugar de desarrollar todo su potencial como instrumentos dinámicos y participativos de diseño y prestación de la atención.
  • Adoptar una visión integral y personalizada de la valoración y de la planificación individual significa poner los medios para “conocer a la persona”, para entender “cómo se siente” y para que eso tenga su claro reflejo en las formas de atención y apoyo que se articulen. Se extiende a:
    • su historia de vida, en cuanto la persona desee que se sepa de ella;
    • sus relaciones familiares y de amistad;
    • sus capacidades (experiencias, conocimientos, habilidades, aficiones);
    • sus hábitos;
    • sus preferencias y sus deseos;
    • sus limitaciones y los principales riesgos asociados a las mismas, y sus necesidades de apoyo;
    • el dolor y la mejor forma de controlarlo, teniendo en cuenta el fuerte impacto de los dolores en la autonomía física y en el estado de ánimo;
    • las pautas de atención que conviene aplicar para prestar los apoyos requeridos;
    • las pautas de apoyo que, en su caso, no conviene adoptar.
  • Conviene que tanto la valoración como la programación tengan una naturaleza dinámica, viva, que permita su actualización permanente, para ajustarlas a la evolución de las necesidades, de las preferencias.
  • Es fundamental que todos los miembros del personal traten a las personas residentes con amabilidad, respeto, corrección y comprensión, tanto en las relaciones verbales como, en su caso, en el apoyo físico  que pudieran requerir para realizar las actividades de la vida cotidiana.
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