El trabajo de atención en residencias de personas mayores puede ser difícil y plantear dudas o dilemas de diverso tipo que preocupan a las personas profesionales y, sin duda, tiene un impacto emocional en ellas. Es fundamental que cuenten con fórmulas de supervisión individual y grupal que sirvan para prestar apoyo, resolver dudas, dirimir malentendidos entre profesionales, aliviar situaciones de estrés y garantizar la consistencia de las orientaciones a lo largo del tiempo.
Las diversas modalidades de apoyo también son la ocasión de enfatizar los aspectos positivos de su trabajo en la residencia, lo significativo de su aportación a la creación de un contexto positivo de atención, de una comunidad de cuidados. Pueden ser, junto con el trabajo en equipo, un excelente catalizador del espíritu de iniciativa de las personas profesionales, motivándoles para idear nuevas soluciones o alternativas a una determinada cuestión, a mostrarse imaginativas y abiertas a la colaboración con otros miembros del personal, con las personas usuarias y con las y los familiares y allegados a la hora de diseñar y llevar a la práctica de la atención una nueva forma de hacer.