Dar importancia a las relaciones con las personas usuarias y familiares o allegadas y entre profesionales exige la adopción de formas de organización y de trabajo en las que el tiempo dedicado a la creación de vínculos y a su reforzamiento se considere tan importante como el tiempo dedicado a “tareas específicas”. Esto no significa que los tiempos dedicados a las relaciones deban programarse sistemáticamente, significa que las personas profesionales tienen que poder desarrollar sus funciones incorporando las relaciones a su forma de trabajar, lo que también conlleva, en determinados casos, rebajar la cadencia para ajustarse al ritmo de una persona residente o para pararse a charlar un rato antes de asearla o durante el aseo, por ejemplo. También deben existir actividades que, por su naturaleza, van más directamente orientadas a las relaciones (por ejemplo, las actividades de manualidades, las salidas, etc.), pero el énfasis en lo relacional no debe limitarse a ellas.
Para hacerlo posible, además de contar con la adecuada dotación en recursos humanos y con los equipamientos técnicos y mecánicos adecuados para facilitar la atención, es indispensable:
Lógicamente, esto no significa que las tareas a realizar no tengan importancia y que sólo importa relacionarse. Significa que deben flexibilizarse las pautas para garantizar cierto equilibrio entre estas dos necesidades, en lugar de centrar la importancia en la realización de las tareas para no “romper” la cadencia. Esa mayor flexibilidad, ese mayor equilibrio, consensuado, contribuye a que las personas profesionales sientan mayor seguridad a la hora de dedicar tiempo a la creación y el mantenimiento de vínculos de confianza con las personas usuarias y profesionales.