A pesar de la importancia de las relaciones en la construcción de una atención empática y compasiva, hay que reconocer que, en los servicios, la práctica relacional tiende a no conceptualizarse ni a valorarse como trabajo. Los pequeños actos de empatía y compasión, como dice Pearson, son invisibles porque son “simples, básicos y periféricos” en contraposición a otros considerados “complejos, especializados y centrales”. Y su invisibilidad conduce a que no se les reconozca ningún estatus en la mente de quienes planifican, gestionan o incluso prestan los servicios. Lo cierto es que su presencia no se nota; lo que se nota es su ausencia.
De modo que es necesario hacerlas visibles y para ello es necesario reconocer, cuando existen, los elementos indicativos de una relación de este tipo. Se indican los más importantes en la siguiente tabla.
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Si realmente se tiene la convicción de que las prácticas relacionales son las que marcan la diferencia en la creación de contextos positivos de atención, es fundamental reconocerles un valor y atribuirles un estatus, asignarles recursos y prestar apoyo emocional al personal para que tenga la suficiente confianza en sí mismo para implicarse en conversaciones significativas, basadas en la confianza, indispensables para acercarse a la persona, conocerla mejora y, en base a ese conocimiento, desarrollar con ella una relación de empatía.