Las personas mayores residentes no constituyen un colectivo homogéneo, sino un conjunto de individualidades. Por ello, es esencial que en la forma de referirse a las personas residentes se evite un lenguaje tendente a esa homogeneización o a un exceso de familiaridad que algunas personas pueden vivir como una falta de respeto (por ejemplo, el uso indiscriminado del término “abuelos”).