El hecho de que sea fácil acceder a la residencia gracias a un horario muy amplio de visitas garantiza su apertura al exterior lo que, a su vez, es señal de transparencia. Cuando una persona ingresa en una residencia, la posibilidad para la o las personas familiares y allegadas de poderle visitar siempre que quieran o puedan les da sensación de seguridad, porque, por un lado, les ofrece la posibilidad de tranquilizar con su presencia a la persona mayor ingresada y, por otro, muestra que el centro no tiene nada que esconder, ambos aspectos de la mayor importancia en particular en la fase inicial inmediatamente posterior al ingreso, que es cuando las y los familiares y allegados más necesitan percibir que el entorno en el que va a vivir la persona mayor es realmente adecuado y que la decisión de ingresar también lo es.