La dirección y los mandos intermedios deben trasladar orientaciones claras y coherentes (no contradictorias) en relación con lo que se espera de ellas, no sólo en términos de tareas a realizar, sino también en términos de actitudes en su atención a las personas usuarias y a las personas familiares y allegadas y en sus relaciones con el resto de la plantilla. Tienen que saber que dedicar tiempo a las relaciones, a idear y acordar formas específicas de hacer una u otra tarea para mejorar el nivel de personalización de la atención, es importante y que está bien que así lo hagan. De nada sirve que la organización se posicione “formalmente” a favor del espíritu de iniciativa, si no se ponen los medios para que dicho posicionamiento tenga un claro reflejo en la práctica de la atención.