En un modelo de atención centrada en las relaciones, la confianza y la cercanía en el trato con las personas residentes, familiares o allegadas y otras personas profesionales conlleva, necesariamente, implicación emocional. Contrariamente a la pauta convencional aplicada tanto en el ámbito sanitario como en el ámbito social, en el que se promueve la adopción de una actitud que muestra un interés distante, el establecimiento y el mantenimiento de relaciones genuinas entre las personas que intervienen en la atención conlleva una implicación emocional que contribuye también a la mejora de la atención a las personas usuarias y a la satisfacción del personal.
Siendo esto así, es indispensable que los centros pongan a disposición de las personas profesionales sistemas de apoyo y supervisión, individuales y/o grupales, que les ayuden a gestionar sus preocupaciones, sus dudas y sus miedos en la práctica cotidiana de la atención, incluidas las situaciones difíciles asociadas a conductas problemáticas observadas en algunas personas residentes, en particular en personas con demencia. Estas fórmulas, unidas a contenidos formativos teóricos y prácticos adecuados, son de gran utilidad para que las personas profesionales perciban una sensación de seguridad.