El ingreso de la persona mayor en la residencia y el periodo de adaptación a la misma supone un verdadero proceso de aprendizaje, también para las personas familiares y allegadas, en particular para quienes se encargaban de ofrecerle apoyos con anterioridad. Conseguir que ese aprendizaje beneficie a otras personas que pasan por la misma situación, creando vínculos de apoyo a otras familias contribuye a la creación de un contexto positivo de atención, a la construcción de una comunidad residencial, en la que la relación de cuidado no es unidireccional, es decir, únicamente dirigida a la persona mayor.