Como se ha indicado en el apartado 2 de este Anexo, dedicado a la sensación de seguridad, las personas desarrollamos vínculos de apego con algunos objetos que nos han acompañado durante años. Pueden ser de cualquier naturaleza: fotos, muebles, libros, cuadros u objetos decorativos, juguetes de la infancia, etc. Son muy importantes para las personas mayores y cumplen distintas funciones: son señales de identidad e inducen los recuerdos permitiendo así establecer el vínculo entre el pasado y el presente lo que refuerza la sensación de continuidad.
Por ello, es necesario no sólo informar a la persona, sino animarle realmente y, en su caso, prestarle apoyo, para que personalice su espacio de uso privado, trayendo de casa los objetos que desee. Eso dará a su habitación un aspecto familiar, que refuerza su vínculo con fases anteriores de su vida.
Conviene insistir en esta posibilidad en las visitas previas al ingreso, el día del ingreso al enseñarle su habitación y en meses posteriores también, porque es posible que el día del ingreso, ni los residentes ni sus familiares u otras personas allegadas se encuentren con ánimo de detenerse en estas cuestiones y que tampoco hayan tenido la posibilidad de hacerse con el espacio y de pensar en cuáles serían las cosas que mejor le irían.