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Promoción del uso de un espacio privado y presencia de objetos de apego

El entorno de las personas, en su interacción mutua permanente, cumple una función identitaria y genera vínculos de apego con el espacio y los objetos que constituyen ese entorno y su proximidad produce una sensación de seguridad. El apego conlleva vínculos significativos, afectivos entre la persona y el objeto. Según la literatura especializada, los objetos materiales no son sólo herramientas o instrumentos que utilizamos y descartamos según nos conviene, sino que constituyen el marco de nuestra experiencia y le dan forma.

Un espacio propio, que resulte familiar, y los objetos personales -en particular, las fotos, determinados muebles, los libros, los cuadros o los objetos decorativos- son muy importantes para las personas mayores y cumplen distintas funciones:

  • Son señales de identidad, reflejos de su propio ser, que se extienden al mundo objetivo, y que refuerzan su privacidad.
  • Actúan como inductores de los recuerdos y permiten a las personas establecer el vínculo entre el pasado y el presente.
  • Dan a la persona un sentimiento de control sobre su entorno y de protección y, por ello, cuando la persona se integra en un nuevo entorno, sus objetos personales, sus cosas de siempre, sirven de punto de anclaje desde el que explorar ese nuevo entorno.

Dado todo lo anterior, es necesario adoptar determinadas pautas que no sólo informen, sino que animen realmente y, en su caso, presten apoyo a las personas residentes para conformar su entorno propio y personalizado, un entorno con el que se identifiquen y que les procure privacidad y seguridad. Para ello, conviene:

  • Ofrecer a cada residente la posibilidad de disponer de un espacio propio, y de diferenciarlo del resto de la residencia tanto en el aspecto físico como en el uso que desee hacer del mismo. Sin duda, la habitación individual es la forma más genuina de garantizar la disponibilidad de un espacio privado. No obstante, en defecto de poder ofrecer dicha alternativa a cada residente que así lo prefiera, hay que tratar de encontrar fórmulas capaces de proteger el derecho a la privacidad en habitaciones compartidas. Con este fin, se proponen las siguientes pautas:
  • Colocar un elemento de separación, algún mueble, o un elemento abatible  que ofrezca a la vez garantías de privacidad y de seguridad.
  • Garantizar que las habitaciones dispongan de espacio suficiente para que la personalización de la misma no se vea limitada por el uso de sillas de ruedas u otros productos de apoyo que ayuden a la movilidad.
  • Distribuir cada uno de esos espacios de tal modo que quepan, sin dificultar los movimientos, una cama, una mesilla, una mesa, una silla o un sillón, así como un armario y un cajón en los que el residente pueda guardar sus pertenencias bajo llave.
  • Identificar las habitaciones indicando el nombre de su o sus ocupantes.
  • Animar a la persona mayor a personalizar su espacio y ofrecerle el apoyo que requiera para hacerlo, en particular trayendo objetos personales por los que sienta apego (su sillón habitual o algún otro mueble, su colcha, unas fotos, algún cuadro, etc.). Conviene insistir en esta posibilidad en las visitas previas al ingreso, el día del ingreso cuando se le enseñe su habitación y en meses posteriores también, porque es posible que el día del ingreso, ni los residentes ni sus familiares se encuentren con ánimo de detenerse en estas cuestiones y que tampoco hayan tenido la posibilidad de hacerse con el espacio y de pensar en cuáles serían las cosas que mejor le irían.
  • Respetar la privacidad de su espacio: la persona tiene que sentir que su espacio es suyo y que las personas que desean acceder a él así lo entienden y lo muestran solicitando permiso para hacerlo, llamando a la puerta, preguntando si molestan en ese momento. Este tipo de pautas refuerzan la sensación de seguridad puesto que ayuda a la persona residente a percibir su espacio como una zona protegida, bajo su control.
  • Adoptar pautas de atención respetuosas de la dignidad de la persona, en particular en situaciones de apoyo a la realización de tareas íntimas como asear, ir al WC, vestirse o desvestirse. Esas pautas reducen el nivel de estrés, de inquietud y de vergüenza que siente la persona residente y contribuyen a la sensación de seguridad.
  • Respetar la confidencialidad de la información personal.
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