La relación con la comunidad local, con el barrio o el pueblo en el que se sitúa la residencia, también contribuye a la creación de la comunidad residencial e incide en la calidad de vida y en la calidad de todas las relaciones. Conviene aprovechar todas las oportunidades que puedan surgir de abrir la residencia a la participación de personas ajenas a la misma que pueden contribuir a enriquecer la vida residencial: invitar a familiares y amistades a visitar el centro con frecuencia; contratar a grupos de música u otras actividades; promover el voluntariado; establecer un programa de actividades intergeneracionales que permitan a las personas mayores transmitir conocimientos, experiencias, historias a niños, niñas, adolescentes y jóvenes, etc.