Principales tareas del equipo de facilitación en las distintas etapas del proceso grupal
A continuación se dan algunas orientaciones sobre el rol del técnico en función del momento en que se encuentra el grupo.
- Durante la etapa bebé la persona formadora ha de favorecer el conocimiento mutuo entre las personas participantes. Es muy importante contarles qué se espera de ellas y de su participación en el grupo y cómo está previsto el desarrollo del proceso, en cuanto a actividades, objetivos etc.
- Otro aspecto clave en el momento inicial es tantear las expectativas que las diferentes personas participantes tienen sobre su participación en el grupo, ver qué esperan cada uno/a de ellos/as, ponerlo en común, para que todo el grupo las conozca y desde la facilitación se pueda llevar a cabo un ajuste de expectativas. El desajuste de expectativas puede ser un motivo de frustración y abandono de las personas participantes.
- En esta etapa también es importante crear un buen clima y estar muy atentos a las posibles dificultades de inclusión de algunas personas para poder generar mecanismos correctores y superadores, así como atender las distintas velocidades.
- La persona facilitadora en esta etapa tiene un rol más directivo y propositivo, guía al grupo en gran medida y resuelve conflictos y situaciones.
- En la etapa infantil el personal técnico continúa teniendo un papel central. Ahora es muy importante observar las interacciones entre las personas, establecer dinámicas de cooperación, profundizar en el conocimiento del grupo y de las personas integrantes.
- En esta fase pueden empezar a destacar algunos roles que es importante identificar para potenciarlos y distribuirlos, favoreciendo roles y liderazgos múltiples.
- La comunicación del grupo aún es incompleta.
- Hay que trabajar con el grupo para darle herramientas de trabajo, deliberación, toma de decisiones, resolución de conflictos, etc.
- Hay que continuar favoreciendo la confianza y la fluidez grupal así como generar un clima de seguridad para todo el mundo.
- En la etapa adolescente, dado que se suele producir una explosión afectiva de los grupos, una de las labores claves será reorientar al grupo hacia la tarea, para que no quede olvidada y relegada a un segundo plano.
- También hay que estar especialmente atentas a aquellas personas que puedan estar quedando en la periferia del grupo.
- Así, hay que intentar plantear dinámicas que permitan ganar en eficacia y profundizar en las habilidades que se han ido trabajando en las etapas anteriores y desarrollar otras nuevas.
- En caso de conflictos, es momento de favorecer la cooperación grupal para resolverlos y responsabilizar a las personas para buscar soluciones, escogiendo con cuidado si es mejor mantener alguna reunión al margen o abordarlo en gran grupo.
- El papel de las personas facilitadoras debe ir diluyéndose un poco, pasar a roles menos directivos o propositivos, centrándose en aquellos elementos más complejos o conflictivos.
- Es hora de que el grupo vaya adquiriendo mayor autonomía y que vaya marcando su propio trabajo y la organización del mismo.
- La etapa de madurez es el momento en que los/as técnicos/as deben introducir una mayor complejidad en los análisis y temas, tareas más difíciles, evaluaciones más complejas e intentar hacer avanzar al grupo hacia una mayor autonomía y eficacia, consolidando los aprendizajes y visibilizándolos, apoyando la labor de las personas o comisiones que hayan asumido tareas, haciendo las preguntas pertinentes que permitan al grupo consolidar su madurez.
Es decir, se pierde parte de la centralidad y visibilidad inicial (de las personas facilitadoras) quedando como un apoyo técnico y metodológico para aquellas cuestiones que el grupo no puede resolver por sí mismo.
- Si se llega al momento de cierre de un grupo o proceso, el papel de las personas técnicas consistiría sobre todo en propiciar espacios de evaluación de calidad y velar por una adecuada expresión emocional de las personas participantes con respecto al cierre del proceso.