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Modelo diagnóstico o psicosocial

Para la escuela psicosocial, el diagnóstico que realiza el profesional o la profesional es esencial.  Consiste en un examen crítico del conjunto persona-situación y del problema para el que demanda ayuda. En palabras de F. Hollis (1970):

«El proceso de diagnóstico es un examen minucioso de un complejo persona-situación y de la dificultad para la que es solicitada o necesaria una ayuda, con el fin de llegar a comprender, cada vez con más detalle y precisión, la naturaleza de la dificultad».

Este diagnóstico se apoya sobre la observación, la comprensión del problema y de la persona en situación. Se apoya, también, sobre los conocimientos y la experiencia personal y profesional de la persona experta, que le permitirá dar significado a los datos recogidos.

La fase inicial de la intervención desde este enfoque persigue, precisamente, formular un diagnóstico que permita precisar el tipo de ayuda que necesitará la persona.

La realización de este diagnóstico requiere tener en cuenta una serie de tareas importantes a llevar a cabo en esta primera fase, como son:

A. Comprender el problema de la persona:

La figura profesional debe esforzarse en comprender lo que la persona considera como su problema, lo que ella misma ha tratado de hacer, lo que piensa de la situación actual y de las soluciones que se presentan.

B. Extraer información relevante:

A lo largo de las entrevistas, la figura profesional recoge también los elementos que le permitirán hacer su propia evaluación del problema, los factores que lo provocan o lo recrudecen y los recursos de la situación en su conjunto sobre los que se puede apoyar un plan de acción.

Para saber todo esto, necesita informaciones precisas; la persona va a aportarle espontáneamente algunas, pero es responsabilidad de la figura profesional dirigir la entrevista, para extraer toda la información que sea necesario saber para ayudar a la persona.

C. Comprometer a la persona en el trabajo de intervención a realizar:

Para comprometer a la persona, el o la profesional de la intervención va a actuar sobre dos elementos: su motivación y su resistencia. Así, si la persona está demasiado ansiosa o des­animada, pondrá en acción todos los recursos que constituyen una relación basada en una comunicación y una comprensión reales.

Aplicando las indicaciones de W. Reid (1972), las actividades principales a llevar cabo para comprometer a la persona en la intervención de la que va a ser objeto son las siguientes:

  • Comunicar claramente la estructura y la dirección de sus interacciones con la persona, indicando el objetivo y la naturaleza de su acción, formulando las preguntas que permitan a la persona explicar el problema que le preocupa y las soluciones que desde su punto de vista profesional entrevé.
  • Elaborar con la persona las diferentes etapas del plan de acción y examinar con precisión lo que cada una de las dos personas implicadas, persona objeto de la ayuda y profesional, tendrá que hacer.
  • Volver, en cada encuentro, sobre todo lo que se ha decidido en la entrevista anterior y hacer el balance de los resultados obtenidos

D. Realizar el estudio psicosocial:

Se basa en recoger los datos necesarios y ordenarlos de forma que de ellos se desprenda un sentido.

El modelo psicosocial señala la importancia de ver más allá de lo que la persona presenta como problema y pone el acento en la comprensión de las causas. En este sentido, la figura profesional parte de la percepción que tiene la persona acerca de su problema y de las cau­sas de éste, de lo que ha tratado de hacer, de la forma en que piensa que podría ser ayudado; después, se dedica a analizar los factores presentes y pasados que pueden haber contribui­do a la situación actual.

Bajo la influencia del psicoanálisis, el modelo diagnóstico daba en sus inicios mucha importancia a la historia de la infancia de la persona. Actualmente, salvo para el trabajo con niñas y niños pequeños y en ciertos ámbitos psiquiátricos, se hace una exploración muy poco deta­llada de esos primeros años de vida. Se concede más importancia a las relaciones con la familia amplia y con la vecindad, al sistema de valores y a los grupos de pertenencia y de referencia.

E. Establecer unos objetivos y un plan de acción:

La única razón de ser del diagnóstico es determinar la meta final y los objetivos de la intervención; y elegir los medios que los puntos fuertes de la persona y los recursos disponibles harán más eficaces.

Los objetivos combinan lo que la persona manifiesta y desea con lo que la profesional o el profesional juzga posible y beneficioso. Sería una irresponsabilidad por parte del interventor o interventora social colaborar en el establecimiento de un objetivo si este es, a su parecer, inaccesible. Sería también irresponsable no tratar de suscitar el interés de la persona por un objetivo que se juzga accesible y ventajoso. Por otro lado, la persona experta no tiene ningún derecho a tratar de imponer sus objetivos a la persona objeto de la ayuda.

Después de haber determinado con la persona los objetivos, el o la profesional que le va a prestar ayuda elige el plan de acción.

 

Con todos los datos y la información recabada, la figura profesional realiza el diagnóstico.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que el diagnóstico no se hace de una vez por todas, no es estático. Es un proceso dinámico que tiene en cuenta cada cambio, modifica objetivos y medios de acción. Por ello, si bien se realiza durante la fase inicial de la intervención, éste se puede ver modificado según avance el proceso de trabajo.

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