El abordaje de los contextos de cronicidad en el marco de la intervención familiar
De la queja al compromiso y no al revés
En las situaciones familiares cronificadas es de especial importancia entender que el recorrido que podemos prever para que se produzcan cambios significativos, casi siempre sigue este esquema:
queja > posibilidad > motivación > compromiso
Debemos ser capaces de poner atención a las quejas y a las expresiones de dificultad, de impotencia y de pesimismo para extraer posibilidades pequeñas. Para “inventar” algunas posibilidades, ofreciéndolas siempre con mucha modestia y como algo que no suponga un gran desafío a la familia. De manera que sean capaces de verlas como una posibilidad, aunque se acerquen más a una ilusión, a un recuerdo, o a un deseo, que algo que puedan claramente ver como una realidad factible. (…)
El siguiente paso es la capacidad de motivar, la capacidad de definir una visión de lo que supondría esa posibilidad. También la motivación implica nuestra eficacia en proponer los recursos, los pasos que pueden o podrían empujar hacia delante esa posibilidad. Cuando hay un nivel de motivación creado sobre una posibilidad nacida de una situación de queja, entonces podemos intentar crear un pequeño compromiso. Crear esto implica hacer una prueba, un trato orientado a intentar algo. Un compromiso implica a todas las personas, incluidos a nosotros los profesionales, en alguna parte de lo que se va a hacer.
Este recorrido “queja-posibilidad-motivación-compromiso” tiene una dirección y tiene en cada familia un tiempo y una forma. Esta idea sencilla puede parecer intrascendente, y sin embargo choca radicalmente con una conducta habitual dentro del curso ineficaz en la intervención con familias cronificadas, que es el comenzar por poner en la mesa un compromiso y posteriormente motivar o intentar venderlo a la familia, lo cual suele dar lugar a quejas y a resistencia. Es decir, recorrer el camino del cambio de esta manera es como conducir por una carretera en dirección contraria, difícilmente podremos avanzar mucho tiempo sin correr un riesgo de choque.
Es muy importante que sepamos qué podemos pedir a cada familia en cada momento de nuestro trabajo con ella,y también qué podemos pedir y no pedir a cada miembro de la familia. Lo que vayamos a pedir en cada caso y en cada momento va a venir bien orientado si se basa en una actitud de escucha sobre sus quejas y necesidades para crear posibilidades, a partir de las cuales trabajemos la ilusión y la motivación. Sólo cuando tenemos la sensación (intuición) de que hay un terreno abonado para establecer compromisos debemos dar ese paso y generar objetivos pautados y definidos en indicadores.
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