Manejo del tiempo
En general, el manejo del tiempo es muy difícil en el ámbito de intervención en los servicios sociales. Cuando hablamos del manejo del tiempo nos referimos sobre todo al cumplimiento de las citas en día y hora, y también a la puntualidad de usuarios y profesionales de los servicios, lo cual implica no solamente el comienzo en la hora determinada con antelación sino también el terminar de acuerdo con una previsión razonable.
Cuando hablamos de la visita domiciliaria todo esto se hace más difícil debido al efecto de la familiaridad del contexto.
- ¿Cómo hacer que las familias estén (no sólo su presencia, sino preparadas para la tarea) listas a la hora en que se ha concertado la visita?
- Insistiendo mucho en la importancia de la hora, repitiéndolo y asegurándote de que ellos no solamente asienten sino que te describen por qué es una buena hora; has de preguntarles qué hacen a esa hora, qué es lo que habitualmente acontece en la casa, si hay alguien que suele llegar o partir, si hay alguna tarea doméstica importante que suelen hacer a esa hora, etc.
- En lo posible es bueno dar una tarjeta o papelito que indique la hora y quiénes han de estar presentes, y siempre hay que insistir en que si hay algún cambio (por ejemplo, ha venido a casa un familiar que requiere cuidados por unos días, a esa hora acaban de informarles de que un operario va a realizar algún trabajo, etc.) te llamen para evaluar si es conveniente cambiar la cita.
- No olvides que es muy importante que los profesionales cumplan bien con los tiempos, llegar a tiempo, avisar de retrasos o cancelaciones con antelación y terminar en el tiempo previsto en la medida de lo posible. A veces, una persona se acerca por el centro en el que trabaja un equipo de atención familiar y dice que “quiere ver a Rosa, la psicóloga”, y lo más apropiado es evaluar si realmente es una urgencia y en caso positivo hacer un hueco breve en tu agenda, pero siempre que sea posible hay que desviar los contactos a un horario programado.
- Quizás lo más difícil sea cumplir con el tiempo estipulado para una visita. Cuando se prevé que la entrevista tendrá una duración de una hora, hay que remarcar esta información con la familia, y después hacer todo lo que esté en tu mano por cumplir con esa previsión de tiempo. Si esto no se hace bien, lo que suele pasar es que a los 10 ó 15 minutos te encuentras con que algún miembro de la familia, o todos ellos, se preparan para marcharse como algo natural: tienen algo que hacer.
- Ritualizar la importancia del tiempo, ésa es la clave para un buen funcionamiento de la intervención en el domicilio.
- ¿Cómo encajar en este empeño por respetar y ritualizar los tiempos la necesidad de una “visita sin aviso”?.
- Este tipo de visita inesperada o “por sorpresa” es muy contraproducente para establecer una buena relación de trabajo con la familia y se enmarca siempre en un contexto de control y no de apoyo, por lo que deberían ser absolutamente excepcionales cuando se está intentando realizar un trabajo educativo o terapéutico con la familia.
- En ese contexto la familia se sentirá vigilada y reaccionará con desconfianza. A nadie le gusta recibir una visita inesperada sin que dé tiempo a “arreglar un poco” la casa, especialmente a determinadas horas.
- Cuando se trata de una fase de evaluación o “investigación” de la familia podría tener más sentido que la visita se establezca sin demasiado tiempo de aviso, pero, en general, hay que contar con un efecto de antagonismo y defensividad que enturbiará la relación con la familia; es algo natural que así sea.
- Generalmente cuando la familia incurre en situaciones de negligencia no es difícil detectarlo en vistas programadas y plenas de confianza con la propia familia. La ventaja de hacerlo así (sin crear un clima de vigilancia y persecución) es que será más fácil intervenir educativa y psicológicamente en esa familia.