Las discapacidades sensoriales, en particular las relacionadas con la visión y la audición, pueden tener un fuerte impacto en la vida de la persona porque pueden:
causar una disminución en la información que recibe;
generar dificultades para percibir y comprender palabras, actividades u objetos;
generar una percepción limitada, distorsionada o incorrecta de la realidad.
La sensación de no oír o de no ver bien resulta, además, tremendamente frustrante y estresante para la mayoría de las personas y puede causar:
dificultades de relación, retraimiento y aislamiento;
problemas de movilidad;
dificultades de aprendizaje;
desconocimiento del entorno;
falta de confianza en uno mismo;
limitación de las oportunidades de participación en actividades y en la comunidad.
Si los problemas de visión y/o audición se dan en personas que tienen otra discapacidad grave, en particular en personas con discapacidad intelectual o deterioro cognitivo, a este impacto general, se suma un efecto de carácter más específico, a saber, una mayor incidencia de conductas autolesivas y estereotipadas que parecen responder a su intento de ajustarse al mundo que perciben (por ejemplo, una persona con discapacidad intelectual que tenga problemas de visión puede creer que el único modo de obtener algún tipo de estímulo visual es frotarse los ojos con tanta intensidad que pueda llegar a causarse alguna lesión). En estos casos es esencial tener en cuenta que: