Cuidados en caso de disfagia
La disfagia es la dificultad para tragar o deglutir los alimentos líquidos o sólidos o incluso la saliva.
Algo que parece tan sencillo como tragar es en realidad una acción muy compleja en la que participa nuestro cerebro, nuestros nervios y unos 30 músculos de la cara, boca y garganta. En efecto, si bien la deglución tiene una fase voluntaria -introducir el alimento en la boca, masticarlo humedeciéndolo con la saliva y empujarlo con la lengua para tragarlo-, a partir del momento en que el alimento abandona la boca comienza la parte involuntaria: en ella, los nervios envían un mensaje al cerebro indicándole que active los cambios y movimientos musculares necesarios para que el alimento pase desde la faringe al esófago y de éste al estómago sin mayor dificultad. Este proceso, sin embargo, puede resultar muy dificultoso para personas con enfermedades que producen una alteración en la función cerebral o en alguno de los nervios y músculos que intervienen en la deglución provocando disfagia.
Puede tratarse de dificultades para formar el bolo alimenticio en la boca, o de dificultades para que el bolo se desplace desde la boca hasta el estómago. Su causa suelen ser enfermedades (accidente cerebrovascular, enfermedades neurológicas, enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson) que provocan un mal funcionamiento de la lengua o de los músculos de la garganta y el esófago, pero también puede estar en lesiones en la lengua, en el paladar o en las encías o en la falta de producción de saliva.
Es importante detectar estas situaciones porque la disfagia trae consigo complicaciones importantes para la salud de las personas que la padecen, ya que pueden dejar de comer y beber de manera suficiente y, en consecuencia, desnutrirse o deshidratarse. La frecuencia y gravedad de los atragantamientos propios de estas dolencias también pueden ocasionar graves problemas respiratorios, ya que pueden provocar el paso de alimento hacia las vías respiratorias y generar así una infección respiratoria grave.
La detección no es difícil, porque las personas que sufren este problema, suelen presentar una serie de síntomas que ayudan a identificarlo:
- Tos y/o carraspeo persistente durante o después de las comidas, que suele ser más habitual con la toma de líquidos.
- Atragantamientos frecuentes.
- Cambios en la calidad/tono de la voz (ronquera/afonía), coincidiendo con las comidas.
- Necesidad de tragar varias veces para poder tomar una misma cucharada.
- Molestias al tragar.
- Babeo frecuente.
- Retención de la comida en los carrillos.
- Imposibilidad para retener la comida dentro de la boca.
- Mayor lentitud al comer.
- Desinterés por comer.
- Cambios en los hábitos alimenticios: rechazar alimentos que antes tomaba de manera habitual y ahora evita por miedo a los atragantamientos.
- Pérdida de peso.
- Alteraciones de los valores en las analíticas.
Algunos ejercicios destinados a fortalecer los músculos de los labios, la lengua y las mejillas pueden resultar de gran utilidad para prevenir la disfagia o para limitar su impacto:
- Sonreír exageradamente.
- Juntar los labios y echarlos hacia delante como para dar un beso.
- Sostener el mango de una cuchara con los labios, presionándolo.
- Sacar y meter la lengua rápidamente de la boca.
- Hacer círculos con la lengua pasándola por los labios, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.
- Pasar la lengua por los dientes, las encías, el paladar y por la zona que está debajo de la lengua.
- Pasar el dorso de la lengua por todo el paladar, desde adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante.
A la hora de comer y beber, se recomienda respetar siempre las siguientes pautas posturales. En los casos de disfagia, resultan del todo indispensables:
- Sólo debe iniciarse la alimentación si la persona está totalmente despierta, nunca si se está somnolienta.
- Sólo debe iniciarse la alimentación si la persona está tranquila; si está muy nerviosa, conviene esperar a que se tranquilice.
- Siempre que sea posible, la persona debe comer sentada: postura recta a 90º, flexión de cadera y rodillas, pies totalmente apoyados en el suelo o apoyados en un soporte, hombros simétricos y el tronco y la cabeza sobre la línea media. En algunos casos es necesario utilizar algún soporte como almohadas para garantizar el correcto posicionamiento de la cabeza y el tronco.
- La persona debe situarse frente al plato.
- La persona de apoyo debe sentarse enfrente y a la misma altura o ligeramente por debajo de la altura de los ojos de la persona a la que apoya.
- En el momento de tragar, especialmente si hay riesgo de atragantamiento, se aconseja mantener la cabeza ligeramente flexionada con la barbilla hacia abajo.
- Si la persona no puede levantarse de la cama para comer, debe colocarse lo más incorporada posible, con la espalda recta, elevar el cabecero de la cama y, si es necesario, ayudarse con cojines o almohadas para que mantenga la cabeza recta. Si la cabeza tiende a irse hacia atrás nunca debe comer en esa posición.
- No se debe meter más alimento en la boca si antes no ha tragado la cucharada anterior.
- Es preferible utilizar cucharillas pequeñas (de postre) ya que, en general, los volúmenes pequeños son más fáciles de tragar.
- No utilizar nunca jeringas o pajitas para alimentarse por la boca. Utilizar sólo la cuchara: el uso de la misma es más seguro y beneficioso, ya que la ligera presión que ejerce sobre la base de la lengua al introducirla en la boca, favorece el reflejo de la deglución.
- No hablar mientras se come. Al hablar se abren las vías respiratorias y aumenta el riesgo de atragantamiento.
- La persona debe permanecer incorporada por lo menos 30 minutos después de la comida.
- Cerciorarse de que no quedan restos de comida en la boca.
- Acostar en posición de seguridad.
Pautas de actuación en caso de disfagia
- Consistencia de los alimentos
- Cuando la persona presente dificultades para tragar alimentos sólidos:
- Conviene triturar los alimentos sólidos y, en lo posible, hacerlo en el momento de tomarlos (es decir, evitar triturar los alimentos con mucha antelación).
- Es mejor aumentar el número de comidas diarias, y distribuir así la ingesta diaria en cantidades más pequeñas.
- Conviene que los alimentos triturados presenten una textura suave y uniforme: hay que evitar la presencia de grumos, huesecillos, espinas o filamentos.
- Se puede añadir leche o salsas espesas para conseguir texturas suaves, pero no conviene añadir más líquido del necesario en el triturado, porque reduce su valor nutritivo.
- Conviene evitar:
- Dobles texturas en un mismo plato: por ejemplo, sopas con legumbre sin pasar por la batidora; bollos mojados en leche; etc.
- Alimentos secos, como tostadas, patatas fritas o frutos secos, porque al morderlos, pueden quedar dispersos por la boca y es difícil para la lengua recogerlos para formar el bolo alimenticio y tragar.
- Alimentos pegajosos, ya que hay más posibilidad de que se peguen al paladar: plátano, bases de algunos pasteles, etc.
- Alimentos que desprenden líquido al masticarlos: sandía, melón, ciruelas, naranjas, etc.
- Alimentos fibrosos y/o con filamentos: piña, naranja, algunas verduras, determinadas carnes, etc.
- Frutas y verduras con semillas o pepitas que no pueden separarse (kiwi, fresas, etc.).
- Caramelos: producen mucha saliva, que puede pasar a las vías respiratorias si se traga mal.
- La dieta debe ser equilibrada, variada y de sabor agradable, no hay que olvidar variar diariamente el triturado.
- Elaborar platos que en poca cantidad aporten muchos nutrientes.
- Son muy útiles los purés y papillas enriquecidos en vitaminas, proteínas y minerales.
- Dar alimentos que contengan proteínas, tanto de origen animal como vegetal (carne, pescados, huevos, leche y legumbre).
- Incluir siempre en la dieta alimentos ricos en fibra (verduras, frutas, cereales integrales), salvo indicación médica en sentido contrario.
- Cuando la persona presente dificultades para tragar líquidos:
- Añadir espesante al agua o a otras bebidas (infusiones, zumos naturales o envasados, refrescos, etc.).
- Se pueden espesar los líquidos con espesantes de venta en farmacias, siguiendo las instrucciones del envase para saber la cantidad de espesante que se debe añadir a un líquido.
- Evitar los líquidos con pulpa, como los zumos de naranja sin colar porque las pulpa o las pielecillas pueden quedar retenidas en la garganta.
- Si a pesar de estas indicaciones no mejora la capacidad de tragar y la persona pierde peso es conveniente consultar con el especialista.
- Técnicas que ayudan a evitar atragantamientos
- Condiciones del entorno
- El entorno donde se realiza la comida debe ser tranquilo, relajado y sin distracciones para facilitar la concentración de la persona en el acto de comer. Para ello se recomienda eliminar o reducir distracciones visuales y sonoras como la televisión, la radio o personas hablando. También puede ayudar retirar los alimentos y utensilios innecesarios.
- El mobiliario debe permitir mantener a la persona frente a la comida en una postura recta y equilibrada.
- Es recomendable usar utensilios adaptados a los trastornos de deglución (vasos con boquilla, cubiertos pequeños, etc.) y a las características de las personas usuarias (destrezas motrices).
- Se debe supervisar siempre el proceso de la comida aun cuando la persona afectada coma de forma autónoma.
- Pautas para resolver problemas relacionados
- ¿Cómo actuar si la persona no abre la boca? Dependerá de la causa:
- Si es un problema físico, conviene estimular la apertura de la boca tocando el labio inferior con la punta de la cuchara y, si no es suficiente, presionando ligeramente la barbilla.
- Si es un problema cognitivo, puede que la persona no comprenda la acción que tiene que realizar y que incluso tenga dificultad física para realizarla. En tal caso, conviene dar instrucciones breves y claras: "abre la boca" y mostrar con gestos la acción de abrir la boca para que pueda imitar nuestros actos. Si además, es necesario facilitar la ejecución físicamente, hay que proceder como se ha indicado al referir el supuesto de causa física.
- ¿Cómo actuar si la persona retiene la comida en la boca y tarda mucho en tragarla?
- Estimular la apertura de la boca tocando el labio de abajo con la punta de la cuchara (fría, si puede ser) y presionándola suavemente contra el labio. Se puede poner la cuchara en agua helada entre comida y comida (el frío ayuda a activar el reflejo de la deglución.
- Al colocar la comida en la boca, se debe poner la cuchara en medio de la lengua ejerciendo una ligera presión hacia abajo, comprobando previamente que la boca está vacía después de cada cucharada.
- No se debe introducir nunca el dedo en la boca, porque la persona puede reaccionar involuntariamente y morder con fuerza.
- ¿Cómo actuar si la persona se atraganta?
- Ante todo: no debe beber agua ni ningún otro líquido fino.
- Hay que inclinarla hacia delante y procurar que tosa con fuerza.
- Estando en esa postura, y una vez que haya cedido la tos, hay que procurar que trague con fuerza repetidas veces para eliminar los restos de alimentos que estén retenidos en la garganta.
- Cuando haya cedido el episodio, puede tomar agua fresca adaptada a la consistencia en la que debe tomar los líquidos.
- Para casos más graves, o para casos en los que la persona no entienda o responda a órdenes, conviene avisar a la enfermera o al médico para que se aplique la maniobra de Heimlich (véase ficha específica).