Sin perjuicio de las modificaciones o de las adaptaciones que deban darse en la red de recursos, sin duda es indispensable considerar también la adaptación de los servicios residenciales a las necesidades de quienes envejecen en ellos, tanto cuando ese haya sido su lugar habitual de residencia, como cuando se haya convertido en su nuevo lugar de residencia precisamente porque su edad les ha obligado a dejar su residencia habitual anterior.
Pautas básicas de adaptación del marco residencial a las personas mayores con discapacidad
- Mantener un entorno conocido y ayudar a la persona a planificar y secuenciar horarios y actividades cotidianas.
- Adecuar los entornos de vivienda y de día adaptándolos a las capacidades y necesidades de la persona.
- Modificar las actividades y los ritmos para que se ajusten a las nuevas capacidades de la persona, así como adecuar permanentemente las actividades que la persona desarrolla a su nivel de competencia aportando de esta forma confianza y seguridad en sí misma.
- Facilitar la adaptación a posibles pérdidas personales, sociales y ambientales propias de esta etapa del ciclo vital.
- Apoyar a la familia para que en fases no demasiado tardías ayuden a la persona con discapacidad a decidir y organizar sus planes de futuro.
- Mejorar los apoyos de la persona adecuándolos a su proceso de envejecimiento.
- Potenciar sus recuerdos autobiográficos.
- Favorecer las oportunidades de encuentro con personas significativas.
- Respetar los gustos personales en cuanto a alimentación y adecuar los alimentos a sus dificultades de masticación y de deglución.
- Reforzar funciones cognitivas programando tareas básicas de atención, lenguaje o percepción, teniendo siempre en cuenta la funcionalidad.
- Favorecer su capacidad de orientación a través de actividades de recuerdo y reconocimiento de sus datos personales e identificación de espacios en los entornos donde se desenvuelve, así como de reconocimiento de diferentes estímulos (nombres, lugares, historias, canciones, datos de su historia personal, etc.).
- Estimular sus funciones psicomotoras a través de ejercicios de gimnasia sencillos.
- Incluir en su entorno habitual claves (fotografías, símbolos, etiquetas, carteles, colores...) que sirvan de estímulos discriminativos para ayudarles a anticipar y reconocer espacios, personas o actividades.
- Diseñar programas el seguimiento y los controles de salud rutinarios programados de forma sistemática, así como revisiones periódicas del tratamiento farmacológico.
- Promover actitudes proactivas ante el envejecimiento desarrollando programas de apoyo que favorezcan hábitos saludables (dieta equilibrada y ejercicio físico), el mantenimiento de la autonomía personal y de la autodeterminación, de la comunicación y de las relaciones sociales.
- Prestar atención a síntomas como el aumento de la irritabilidad, inactividad, pérdida de apetito, problemas de sueño y conductas disruptivas que pueden estar indicando un problema de salud.
- Aprovechar los recursos comunitarios a disposición de las personas mayores: actividades, eventos, instalaciones....
- Facilitar la aceptación del proceso de envejecimiento tanto por parte del propio individuo como por su entorno inmediato.