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¿Cómo se diseñan los Planes de Apoyo Conductual Positivo?

Intervenciones sobre el estilo de vida

El estilo de vida se refiere al ritmo y a las rutinas de la vida cotidiana de la persona con discapacidad: dónde vive, trabaja y disfruta de su tiempo libre; qué ocurre exactamente en esos entornos, es decir cómo se organiza la vida y con quién; y cómo afectan estas actividades a su grado de satisfacción y de disfrute personal. Las intervenciones sobre el estilo de vida contribuyen a prevenir, a largo plazo, las conductas problemáticas a través de la mejora general de su calidad de vida. Es probablemente el más importante de todos los componentes del plan de Apoyo Conductual Positivo y, sin duda, debería ser una de las primeras consideraciones a hacer desde el equipo de atención, ya que es el que proporciona el contexto apropiado para la aplicación de todos los demás apoyos y para el éxito de todos los esfuerzos de apoyo.

La necesidad de considerar y de otorgar especial importancia a las intervenciones sobre el estilo de vida obedece a diferentes razones:

  • La primera y más evidente es que una calidad de vida pobre (por ejemplo, pocas oportunidades de elección y de control sobre su vida, situación de aislamiento o de exclusión) o una insatisfacción general en relación con la vida cotidiana son factores que contribuyen directa y activamente a la aparición y ocurrencia de las conductas problemáticas y pueden incluso constituir su causa principal. En ese tipo de situaciones, si no se integran en el plan de apoyo conductual intervenciones sobre el estilo de vida, las demás intervenciones, por numerosas y adecuadas que sean, no van a producir los resultados positivos esperados. Por ejemplo: si la persona está extremadamente insatisfecha con su programa ocupacional y se insiste en entrenarle en tareas de embolsado de piezas, de poco servirá que se realicen otro tipo de intervenciones como enseñarle una habilidad alternativa para solicitar un descanso, elegir entre varias actividades, o recompensar sus buenos hábitos y resultados de trabajo; estas intervenciones pueden contribuir a que el trabajo le resulte más soportable, pero no habrá modificado la causa principal de las conductas problemáticas y, por lo tanto, los resultados obtenidos no serán duraderos.
     
  • Una segunda razón que fuerza a otorgar protagonismo a las intervenciones sobre el estilo de vida es que es más fácil y probable que las personas aprendan conductas socialmente aceptables en contextos que les resultan atractivos y que son significativos para ellas. Lo habitual es que a las personas con una historia de conductas problemáticas, se les niegue el acceso a la escuela, al trabajo, a la comunidad y, algunas veces incluso, a las actividades del hogar. También es habitual que cuanto más persiste una conducta problemática, más intrusivas se vuelvan las intervenciones aplicadas y es un hecho constatado que cuanto más intrusiva es la intervención, menos oportunidades tiene la persona de controlar su entorno y, por lo tanto, su conducta, y mayor será la probabilidad de se le excluya de las actividades ordinarias. Un objetivo básico es romper este círculo vicioso construyendo contextos de apoyo en entornos inclusivos.
     
  • La tercera razón se basa en considerar que las intervenciones sobre el estilo de vida permiten dar a la persona con discapacidad un apoyo continuo y a largo plazo. En efecto, los entornos cambian continuamente y muchas personas con discapacidad requieren un apoyo continuado para mantener las habilidades alternativas ya adquiridas y aplicarlas en una pluralidad de situaciones y para aprender otras habilidades aplicables en situaciones y entornos nuevos. Asimismo, el equipo de atención puede ver la necesidad de construir contextos de apoyo o apoyo social que, por una parte, acepten e integren a la persona con discapacidad y, por otra, respondan a sus necesidades.

Es importante tener presente que las intervenciones sobre el estilo de vida son menos sistemáticas que las otras modalidades de intervención. Es necesario que todos los miembros del equipo ideen estrategias, las compartan en las reuniones en las que se analizan y proponen las actuaciones del equipo y tengan en cuenta todas las estrategias debatidas y aceptadas en dichas reuniones cuando se desarrollan las intervenciones tanto en el contexto del trabajo, como en casa o en otros entornos comunitarios. Es necesario que estas estrategias se basen en la evaluación de las rutinas diarias, en los recursos disponibles, en las preferencias de la persona con discapacidad y en las prioridades de la familia.


Preguntas-guía para la planificación de Intervenciones sobre el Estilo de Vida

A la hora de planificar o programar estas estrategias, considere, por lo menos, dos cuestiones-guía que resultan esenciales:

  • ¿Qué factores del estilo de vida se pueden modificar para mejorar la calidad de vida de la persona, para que su vida cotidiana le resulte más satisfactoria y gratificante?
    • Para responder a esta pregunta, conviene que revise la hipótesis formulada inicialmente en relación con la función que desempeñan las conductas problemáticas para la persona con discapacidad. En concreto, conviene que compare y observe las diferencias entre las rutinas cotidianas de la persona y las de personas, de su misma edad, sin discapacidad; también interesa determinar las discrepancias entre las actividades que desarrolla y las que desearía desarrollar, es decir, entre la realidad y sus deseos o preferencias. Considere también la calidad de las relaciones entre los amigos y la familia, las oportunidades de elección y control, las oportunidades reales de participar en actividades que le resultan atractivas y significativas, la inclusión en actividades laborales o escolares y comunitarias ordinarias que sean propias de su edad.
    • Después de hacer estas consideraciones, pregúntese "¿Qué se puede hacer para mejorar la situación?". Establezca metas a corto y a largo plazo: en primer lugar, identifique cambios en el estilo de vida que permitan mejoras inmediatas; en segundo lugar, considere acciones que convendrá aplicar a más largo plazo (un año o más).
       
  • Considere una segunda cuestión en su planificación: ¿Qué adaptaciones o apoyos a largo plazo se necesitarán para mantener los resultados positivos (por ejemplo, habilidades alternativas, mejoras en el estilo de vida) y para prevenir que reaparezcan las conductas problemáticas?
    • Entre ellos, se pueden incluir apoyos de enseñanza o emocionales continuos, que ayuden a la persona a ampliar el uso de habilidades alternativas en diferentes situaciones; también se pueden diseñar estrategias que influyan en las respuestas sociales de otros (por ejemplo, animar a los compañeros a responder positivamente cuando la persona con discapacidad solicita su participación en alguna actividad).
    • Considere también las adaptaciones permanentes del estilo de vida a largo plazo: inclúyalas dentro de su rutina diaria, ya que incrementan el sentimiento de satisfacción y ayudan a aliviar las situaciones estresantes (por ejemplo, proporcionar periodos frecuentes de descanso a lo largo del día o respetar una secuencia particular en las rutinas diarias).
    • Finalmente, las estrategias a largo plazo pueden consistir también en enseñar una variedad de habilidades que aumenten la capacidad de la persona y le ayuden a alcanzar los resultados deseados, así como en enseñar a mantener las habilidades alternativas adquiridas a lo largo del tiempo y en diferentes situaciones o contextos (estrategias de mantenimiento).

                      


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