Los cambios psicológicos y sociales que acompañan al envejecimiento pueden repercutir negativamente sobre el estado nutricional de la persona mayor.
En la vejez, las alteraciones emocionales son frecuentes y vienen desencadenadas por la disrupción de la esfera social del individuo (jubilación, menos responsabilidad en el núcleo familiar), así como por cambios físicos propios de la edad.
La alimentación se convierte en una necesidad de saciar el hambre teniendo en cuenta factores como su precio, o la sencillez de su preparación, en lugar de sus cualidades nutricionales.
Las causas psico-sociales de malnutrición más frecuentes en personas de edad avanzada se resumen en la tabla siguiente:
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