Personas mayores

Atención centrada en la persona

¿Cómo implementar el modelo de atención centrada en la persona? Pautas y recomendaciones

Crear entornos facilitadores y significativos

Actividades
  • Las denominadas actividades significativas o «plenas de sentido» tienen una especial relevancia en el bienestar de la persona y son pieza angular de la aplicación de este modelo.
  • Las actividades miméticas, automatizadas, infantiles, o carentes de sentido difícilmente provocarán la motivación necesaria que se precisa para «movilizar» a la persona.
  • Las actividades deben ser significativas
    • Los objetivos terapéuticos deben ser integrados en la actividad cotidiana y en las tareas que sean significativas para cada persona usuaria. Lo significativo está relacionado con:
      • En primer lugar, lo que a cada persona le importa o le interesa. Esto, a su vez, depende de la historia personal, de los hábitos y experiencias previas, de las motivaciones construidas a lo largo del tiempo, pero también de cómo los profesionales seamos capaces de presentar nuevas propuestas y generar nuevos intereses.
      • Además, lo significativo tiene que ver con lo que socialmente es aceptado, lo que los demás ponen en valor, lo que supone una ayuda para otras personas o lo que generalmente es reconocido de utilidad.
    • Las propuestas de intervención y programaciones de actividades estimulativas y terapéuticas han de realizarse de una forma individualizada evitando ambientes uniformes, actividades idénticas donde todos hacen lo mismo a las mismas horas.
    • Esto no niega el valor de las actividades en grupo, pero es mejor que éstas se diseñen contando con la participación y los intereses de quienes en ellas van a participar.
    • Las actividades especiales colectivas (celebraciones, fechas especiales, días temáticos) y las más específicas (homenajes personales, cumpleaños) tienen gran importancia en lo cotidiano, ya que cumplen con la labor de romper la rutina y de poner en valor algo convirtiéndolo en especial e importante para el grupo y para la persona.
  • Las actividades deben ser empoderadoras:
    • La programación de estos eventos son una oportunidad excelente para implicar y favorecer la cooperación de las personas usuarias, familias y profesionales. (…)
    • La programación de las actividades debe realizarse desde los intereses de las personas usuarias. Para ello resulta imprescindible que éstas participen en la programación, además de contar con las aportaciones de las familias y de los profesionales de atención directa.
    • Las actividades deben ser empoderadoras, es decir, pensadas para aumentar la competencia y la autonomía de las personas usuarias.
    • ¿Qué son las actividades empoderadoras?:
      • Las que permiten a las personas elegir y decidir (sobre su participación, sobre lo que hacen o cómo lo hacen). Otorgan, por tanto, el control de la situación y dan poder a quienes en ellas participan.
      • Las que conducen a desempeños competentes haciendo que las personas se perciban «capaces de».
      • Las que visibilizan las capacidades y las fortalezas de las personas.
      • Las que capacitan a las personas, las que fortalecen o desarrollan en ellas nuevas habilidades.
      • Las que hacen percibir a las personas que lo que hacen es útil y tiene sentido.
      • Las que son valoradas o puestas en valor por parte de otros.
  • Las actividades deben ser integradoras:
    • Las actividades que se diseñen pueden convertirse en una excelente oportunidad de proporcionar nuevos contactos sociales y facilitar una mayor integración de las personas en sus comunidades.
    • Las actividades, en la medida de lo posible, deben ser realizadas y diseñadas en contextos normalizados. Salir del centro, integrarse en actividades del barrio, puede ser una opción muy agradable y enriquecedora para todos.
    • Del mismo modo, abrir las actividades del centro o servicio a otras personas o grupos de la comunidad desarrollando metodologías que favorezcan el contacto y el trabajo conjunto posibilita que las personas usuarias hagan nuevas amistades y que los vecinos conozcan mejor y eliminen tópicos sobre la vejez y la discapacidad. (…)
  • La importancia de las actividades de la vida diaria en el modelo de atención centrada en la persona:
    • La importancia de lo cotidiano para el bienestar de las personas
      • En el día a día y en nuestros lugares cotidianos es donde las personas desarrollamos nuestros proyectos vitales. En casa, con los amigos, en el barrio, en el trabajo, en el centro, es allí donde logramos nuestras metas o donde encontramos dificultades para alcanzarlas.
      • La relación asistencial cotidiana debe permitir y apoyar que las personas mayores usuarias de los centros o servicios puedan desarrollar sus proyectos vitales.
      • Es precisamente en lo cotidiano donde debemos proponer intervenciones técnicas, dar apoyos para que las personas puedan llevar adelante sus propias vidas según sus capacidades y deseos.
      • Los recursos asistenciales son esencialmente contextos relacionales y de comunicación interpersonal. Son, por tanto, en gran parte, las relaciones interpersonales las que apoyan o dificultan el desarrollo de los proyectos vitales de las personas usuarias. (…)
    • Lo cotidiano como fuente de estimulación y sentido para las personas
      • La persona mayor precisa de una propuesta de actividad cotidiana que integre sus distintos espacios de vida y de cuidados (centro, casa, barrio…).
      • Debemos llevar a cabo propuestas que partan de su historia vital, de sus costumbres y hábitos cotidianos, pero prestando también atención a sus deseos respecto a lo que quiere mantener y cambiar. El objetivo es permitir, brindando apoyos, que cada persona usuaria pueda continuar haciendo lo que le gusta, así como proponer nuevas actividades dirigidas a su mejora funcional y a su bienestar emocional.
      • La propuesta de intervención que realicemos desde el centro o servicio no ha de verse limitada a una serie de actividades o ejercicios para ser allí desarrolladas en compañía de los profesionales, sino que tiene que ofrecer una visión global, proponiendo una intervención de continuidad en la vida de la persona, y por ello abarcar y hacer propuestas en los principales lugares donde ésta se desenvuelve y convive (domicilio, centro, barrio, recursos de la comunidad).