Personas mayores

Atención centrada en la persona

¿Cómo implementar el modelo de atención centrada en la persona? Pautas y recomendaciones

Potenciar el papel de las familias en la atención a la persona mayor

La familia: objeto de atención profesional

Las familias deben ser contempladas por los equipos técnicos no sólo como un apoyo importante para el bienestar de la persona mayor sino como objeto en sí mismas de atención profesional. Las familias habitualmente presentan distintas necesidades que van más allá del respiro que posibilita el acceso a un servicio profesional. Presentan distintas necesidades. Necesidades que no son idénticas entre las distintas familias y que, además, pueden ir cambiando a lo largo del proceso de cuidados. Entre ellas figuran el reconocimiento social, el asesoramiento individualizado, la formación, la intervención psicológica o el intercambio de experiencias con otras familias.

Desde el servicio o centro, en la medida de nuestras posibilidades organizativas, podremos organizar actuaciones o programas que den respuesta a estas necesidades. Como ya se ha señalado, la relación que el centro o servicio establezca con las familias depende, en gran parte, de las actitudes de cada profesional hacia éstas. Los comportamientos profesionales se ven condicionados por sus opiniones personales sobre el papel de las familias en el centro o servicio, o incluso por sus juicios morales sobre los deberes de éstas en relación al cuidado de las personas mayores. Por ello, los mensajes pueden ser diversos e incluso contradictorios entre los miembros de un mismo equipo. Los mensajes poco claros o contradictorios entre los distintos profesionales suele dificultar enormemente la relación centro-familia.

Resulta primordial tener claro desde qué claves hemos de intervenir, como equipo, y como profesionales, con las familias. Solo así lograremos hacerlo, de un modo congruente y llevar cabo intervenciones coherentes y más efectivas.

  • Algunas claves en la intervención profesional con familias cuidadoras son:
    • La voluntariedad del cuidado.
      • Cuidar a los mayores ha de considerarse como una opción voluntaria para las familias. Ello implica, además de que éstas tengan acceso real a los recursos profesionales, partir y entender que no cuidar también es una opción que no va unida necesariamente al abandono o a la falta de cariño.
      • Partir de la voluntariedad en el cuidado también significa que las familias decidan en qué grado y con qué intensidad pueden o desean asumir o incorporarse en los cuidados, sin que esto se vea sometido al juicio de los profesionales.
    • La complementariedad en los cuidados.
      • El centro o servicio ha de propiciar el cuidado complementario por parte de los profesionales y de la familia a la persona mayor.
      • La atención profesional no se contempla como una alternativa sustitutoria de los cuidados de la familia sino como un recurso que ofrece apoyos para seguir cuidando mejor, si así lo desea, a la persona mayor y a ella misma.
    • La desculpabilización.
      • El equipo debe trabajar con las familias procurando reducir los sentimientos de culpa que en ocasiones surgen (todavía hoy muy frecuentes en las mujeres cuidadoras) cuando la persona mayor a su cuidado accede a un recurso ajeno al ámbito familiar.
      • Nuestra actitud ha de ser de escucha, de normalización de estos sentimientos, evitando actitudes que fomenten estos sentimientos.
    • La capacitación y la cooperación con el centro.
      • La intervención con familias debe buscar la capacitación de éstas tanto en lo relacionado con los cuidados de la persona mayor, como con los autocuidados.
      • Esta capacitación deberá estar orientada siempre hacia la cooperación centro-familia con el propósito de hacer posible actuaciones coherentes e integradas en la vida cotidiana de la persona.
    • Los cuidados compartidos por el grupo familiar.
      • El equipo técnico deberá sensibilizar y estimular hacia los cuidados compartidos por el grupo familiar, evitando que recaigan solo en un miembro (habitualmente una mujer). Cuando esta reorganización se logra, es más fácil que el grupo familiar se sienta mejor.