Personas mayores

Atención centrada en la persona

Las figuras facilitadoras del proceso de atención

El/la profesional de referencia

Definición

Los/as profesionales de referencia son las personas responsables del apoyo personalizado a cada persona usuaria, en el día a día, desde un acompañamiento continuado. Cada profesional de referencia se ocupa de una forma especial de varias personas usuarias. Es una forma de garantizar la atención personalizada, de llegar mejor hasta lo importante de las personas, en el día a día. Esto no quiere decir que nos preocupemos y atendamos sólo a las personas que están a nuestro cargo, ni que seamos los únicos/as profesionales que entremos a tomar parte en su cuidado.

Significa, simplemente, que tomamos una especial responsabilidad hacia cada una de ellas. Nos convertimos en el principal referente para un grupo pequeño de personas usuarias y sus respectivas familias. Buscamos reforzar el vínculo emocional con la persona y la familia para así generar y asegurar una relación de confianza. Nos relacionamos desde la empatía, es decir, siendo capaces de comprender los sentimientos de las personas en cada situación. Desde el conocimiento de cada persona, procuramos que ésta siga adelante con su proyecto de vida y buscamos su bienestar.

Los/as profesionales de referencia, al estar cerca de las personas, al conocerlas bien, al compartir el día a día, pueden desempeñar un amplio abanico de competencias relacionadas con prestar una atención integral y centrada en la persona usuaria.    

 

  • Algunas preguntas relacionadas con la figura del/ de la profesional de referencia y su encaje en los servicios gerontológicos son las siguientes:
    • ¿Qué profesionales pueden ser profesionales de referencia?
      • La figura del/ de la profesional de referencia se basa, como venimos diciendo, en la empatía y la confianza. Por ello, no es lógico pensar en una única categoría profesional para desempeñar estos roles.
      • Sin embargo, en los centros asistenciales, donde las personas usuarias viven o pasan muchas horas, parece adecuado pensar que éstos cometidos se desarrollan mejor por aquellas figuras profesionales que más tiempo conviven de cerca con las personas. Nos referimos al personal de atención directa continuada.
    • ¿Quién elige a quién?
      • Lo ideal es la mutua elección. El/la profesional de referencia, debe ser aceptado/a por la persona usuaria. Por ello no es oportuno asignar directa y definitivamente profesionales de referencia a cada persona. Tenemos que procurar no convertir esta iniciativa en una actividad de mera distribución de personas.
      • A la llegada al centro, como no nos conocemos, se puede realizar una asignación provisional, pero después conviene permitir que las personas usuarias opinen y expresen sus deseos sobre quién quieren que sea su profesional de referencia.
      • La estructura organizativa de los centros puede condicionar mucho este proceso, por eso es indispensable que exista estabilidad en la organización de los/as profesionales, evitando al máximo la rotación continua.
      • El/la profesional que asume este rol tan especial debe sentirse a gusto y, sobre todo, ser capaz de ver los aspectos positivos de la persona mayor, sean cuales sean sus características, creer que es posible mejorar su vida.
      • A veces, esto no es fácil de conseguir, lo sabemos…la experiencia nos dice, no obstante, que la mera propuesta de una vinculación especial hacia un número reducido de personas acerca al/la profesional a éstas y se facilita la empatía.
    • ¿Todas las personas cuidadoras han de ser profesionales de referencia o sólo unos/as cuantos/as?
      • El/la profesional de referencia es una metodología clave del modelo de atención centrada en la persona. Es la que mejor asegura la atención personalizada y el bienestar de las personas, en el día a día. Por tanto, no se considera razonable plantearlo como algo voluntario o reservado a unos/as cuantos/as, ya que, es una organización necesaria para hacer efectiva esta forma de atención.
      • Es cierto que la voluntariedad logra una mayor implicación de los/as profesionales. En algunos casos, en centros donde haya importantes resistencias, empezar contando con profesionales voluntarios/as que deseen asumir este nuevo reto puede ser una buena opción. Pero luego este rol debe trasladarse al resto.
      • Los centros que aplican esta figura afirman que, incluso las personas que al principio se muestran más reacias, luego relatan satisfacción con sus nuevos roles. Los/as profesionales que asumen este nuevo papel de apoyo son los que se sienten más implicados/as, más reconocidos/as y satisfechos/as con su profesión.
    • ¿Cuántas personas usuarias tiene cada profesional de referencia?
      • No hay un número exacto. Las prácticas llevadas a cabo nos dicen que hasta cinco personas mayores por profesional de referencia pueden estar bien.  (…)
    • ¿Cómo evitar las relaciones de dependencia entre el/la profesional de referencia y la persona usuaria?
      • La experiencia nos dice que, si se ha trabajado desde la independencia y la autonomía, estas situaciones deben transcurrir sin grandes dificultades:
        • Cuando la persona también tiene contacto continuado con otras personas, las separaciones no suelen ser tan costosas.
        • Cuando la persona usuaria tiene suficiente competencia cognitiva y emocional, la separación se resuelve de forma natural. Las personas mayores, por su experiencia vital, están muy acostumbradas a los cambios y demuestran sobradamente capacidad para adaptarse.
        • Si la persona tiene demencia, este echar de menos puede notarse más.
      • Algunas pautas pueden ayudarnos a que las separaciones y los cambios de figura referente sean más fáciles para todos/as. Según cómo presentemos y apoyemos el tránsito, así será la respuesta de la persona y la familia. Estas son algunas pautas para hacer más fácil un cambio de profesional de referencia:
        • Informar a la persona y a la familia de lo que motiva el cambio de profesional de referencia. En general, es bueno que lo haga el/la propio/a profesional que se va. Como conoce bien a la persona, sabrá cuál es la mejor manera de hacerlo.
        • Dejar espacio para la despedida, para el intercambio de afectos, pero normalizando la situación. Evitar hacer de esto un drama.
        • Presentar al/ a la nuevo/a profesional de una manera cálida. Procurar un espacio donde los tres puedan hablar y compartir experiencias y expectativas.
        • Que la persona mayor perciba continuidad, que el/la nuevo/a profesional se hace cargo de la relación.
        • Informar al/ a la compañero/a que asume nuestro lugar especial con esa persona, de qué cosas son importantes para ella. Para esto, algún profesional del equipo técnico debe tener presencia, con el fin de complementar el conocimiento sobre los aspectos clave de su atención y bienestar. De esta manera, el/la nuevo/a profesional no partirá de cero y se sentirá apoyado/a por el equipo.
        • Si la persona tiene un deterioro cognitivo importante, es fundamental:
          • Detallar e interpretar sus conductas especiales como su expresión emocional ante ciertas situaciones. Evitar que se entiendan sólo como alteraciones de conducta, propias de la demencia.
          • Que el nuevo/a profesional de referencia conozca desde el principio qué es lo que le gusta y le disgusta a la persona.
          • Transmitirle, con la colaboración del equipo técnico, estas nociones, así como las claves de la comunicación no verbal que mejor funcionan.
        • Si es posible, dispensar durante cierto tiempo algunos cuidados a la persona entre los/as dos profesionales de referencia, el/la que se despide y el/la que llega. Esto dará confianza a la persona y dará muchas pistas al/a la nuevo/a compañero/a.
        • Trasladar al nuevo/a profesional una visión positiva de la persona. Poner el énfasis en sus capacidades. Contagiarle del afecto positivo y el respeto que tenemos por la persona.
        • Si el cambio se produce por una falta de empatía con la persona usuaria, es imprescindible mostrar madurez y evitar trasladar los etiquetajes negativos. Tampoco debemos sentir que hemos fracasado.