El respeto por todas las personas participantes, sus ideas, maneras de ser y experiencias de vida es la primera y más básica de las reglas de un grupo de ayuda mutua. Sin su desempeño, las dinámicas pueden convertirse en nocivas para sus miembros.
En primer lugar, el respeto se refiere al uso de un trato cordial y unas maneras adecuadas de hablar. Hay que ser amable con los demás, no utilizar groserías, no levantar la voz, evitar las palabras que puedan hacer daño, etc.
Igualmente, es básico respetar los turnos de palabras. Se debe permitir que todos y todas puedan expresar sus ideas y opiniones. Por tanto, hay que otorgar tiempo a todas las personas participantes.
Asimismo, el respeto significa no juzgar a los demás. Cada uno tiene sus ideas, valores y formas de ser.
Toda persona participante debe sentirse cómoda y segura para poder hablar con naturalidad de sus experiencias.
Por último, respetar también significa no dar consejos. En un grupo de ayuda mutua no se le dice a los demás lo que deben hacer o cómo deben comportarse. Toda persona puede exponer qué le resulta válido a ella misma y cuáles son sus propias estrategias para superar las dificultades y/o lograr sus objetivos. Pero no debe intentar convencer a los demás de actuar de una manera o de otra. Cada uno deberá encontrar su camino.
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