En los servicios de apoyo, resulta imprescindible adoptar medidas organizativas y de diseño de espacios que favorezcan al máximo el respeto a la individualidad de las personas, a su heterogeneidad. Es un hecho que los servicios -los residenciales, sin duda, pero también los de atención diurna- fuerzan una convivencia entre personas con muy diferentes tipos y grados de discapacidad, que puede impactar muy fuertemente en quienes presentan mayor capacidad intelectual, en buena medida por su temor a identificarse con ellas, por su propio miedo al deterioro y a la enfermedad. Esta innegable dificultad no siempre se expresa abiertamente, pero no deja de manifestarse, por ejemplo con una clara disminución del interés por acudir o participar en el servicio o con la aparición de sentimientos de tristeza o deseos de aislamiento. La importancia del impacto de esta convivencia varía entre las personas, dependiendo de su sensibilidad, de su carácter, de su umbral de tolerancia, de la existencia de experiencias previas con personas dependientes, etc.
También es cierto que algunas personas usuarias muestran mucha empatía por quienes se encuentran en peores condiciones que ellas mismas, cuando comprenden la situación. Por otra parte, tampoco debe desconsiderarse la dificultad objetiva de algunas personas para comprender los comportamientos alterados de sus compañeras o compañeros y para tolerar determinadas situaciones en la convivencia cotidiana.
De ahí que interese que, en su organización y en el diseño de los espacios, los servicios de apoyo se orienten a:
