Un niño que es criado en el entorno de progenitores o cuidadores que abusan del alcohol o de otro tipo de sustancias, sufre las consecuencias de esa situación de forma directa y de forma indirecta con un impacto que en muchas ocasiones tiene una prolongada duración y que afecta a muchas áreas de su comportamiento. Una primera expresión visible de ese tipo de experiencia en los menores la encontramos en una diversidad de emociones contradictorias y que son difíciles de gestionar para un menor.
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