Es recomendable que entre sesión y sesión de trabajo de Historia de Vida no haya un espacio temporal demasiado amplio. No obstante, este es un parámetro que puede variar en función de las circunstancias de cada caso y de la edad del niño o de la niña:
En el caso de menores, de los 3 a los 6-7 años, los encuentros deberán ser más frecuentes (2 ó incluso 3 sesiones a la semana), para evitar el olvido y dar continuidad al trabajo con la sesión anterior.
En el caso de menores de 7-8 años las sesiones podrán espaciarse más en el tiempo (1 a la semana o incluso 1 cada 10 días), pues a estas edades han adquirido mayores capacidades intelectuales y de memoria que nos permiten distanciar los encuentros.
De todas formas, puede ser que algunos niños/as necesiten durante un tiempo una frecuencia más intensa y continua debido a su alta motivación o a su nivel de implicación emocional o, por el contrario, que necesiten un descanso o un respiro en un momento determinado antes de seguir con el trabajo. Por lo tanto, lo más importante es ser flexibles y adaptarnos a las necesidades y circunstancias de cada niño o niña a lo largo del trabajo de historia de vida.
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