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Eskuartze familiarrean gako diren prozesuak: familiarekin egoera/arazoaren elkarren artean eraikitzea

Egoera/arazoaren inguruko familiaren hautematea balioztatu

Creencias y conductas conforman un matrimonio estable y muy unido: incluso cuando se llevan muy mal no dejan de machacarse pero no se disuelven. (…)

Una concepción generalizada en muchos servicios es que “el cliente” es el que presenta una necesidad de ayuda, un problema para el que requiere tus servicios, o al menos una “queja” que conlleva la necesidad de que tú le ayudes a definir un problema o un tipo de solución para esa queja.

Pero, en los servicios sociales, especialmente en el contexto de servicios de protección a la infancia, nos encontramos con mucha frecuencia estos cuatro paradigmas sobre el problema en las familias:

  • No tenemos un problema.
  • El problema es de otro tipo (laboral, de vivienda, de mala suerte) o de otras personas que no están aquí.
  • Es un problema, pero no podemos hacer nada (es irremediable, ya no es cosa nuestra, ya hicimos todo, nos lo merecemos, etc.).
  • No tenemos un problema, vosotros (profesionales) sois nuestro problema.

Lo esencial ante este tipo de dificultades es que hay que construir un marco nuevo de trabajo con la familia, pero no descalificar frontalmente la creencia o posición inicial de la familia. Mucho se ha hablado de la importancia del “reconocimiento del problema” en los usuarios de los programas de ayuda psicológica o educativa en el marco de los servicios sociales.

Pero si nos atenemos a esa expresión, reconocer el problema, debemos ser prudentes, ya que parece indicar que el problema es uno absolutamente unívoco, objetivo y medido, que no hay otras visiones o versiones alternativas del problema, y que lo que el receptor de nuestra intervención tiene que hacer es simplemente aceptar que nosotros definimos el problema y que nuestra definición no tiene discusión alguna. De ahí a pensar que la solución también la tenemos nosotros y que la familia no tiene mucho que decir y debe someterse sin más a nuestra decisión sólo hay un paso.

No cabe duda de que cuando se ha detectado una situación de riesgo y hay que asumir una responsabilidad social esto tiene que ser así, es el sentido de las políticas sociales y de protección. Pero si ofrecemos ayuda a la familia para que cambie, tenemos que contar con ella, con su visión del problema, con sus recursos, con sus reacciones emocionales ante el sufrimiento y con sus reacciones ante nuestra propia intervención. (…)

Por lo tanto, nuestra intervención debe ir orientada a alcanzar el máximo acuerdo posible entre la perspectiva de la familia sobre la situación-problema, las exigencias del sistema de protección a la infancia y el criterio técnico del equipo de intervención familiar:

 

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