Alteraciones de la digestión/absorción debidas a la edad:
Existen cambios en el tracto intestinal y en otros órganos debidos al envejecimiento que afectan a su funcionalidad y condicionan la digestión y absorción de los nutrientes.
Con la edad, la mucosa intestinal va perdiendo su capacidad regeneradora y disminuye la superficie útil de absorción.
La hipoclorhidria, producida por la gastritis atrófica, favorece la colonización bacteriana y afecta a la absorción de grasas, vitaminas y otros macro-nutrientes.
Astenia y dificultad para realizar ejercicio físico: La existencia de discapacidades físicas y minusvalías (afectación articular y ósea) unidas a la astenia o cansancio crónico (muchas veces provocado por un bajo estado de ánimo y depresión) desembocan en la disminución de la actividad física.
Un estilo de vida sedentario contribuye a una pérdida más rápida de la masa muscular o sarcopenia. Esta pérdida es causa de una mayor debilidad muscular que puede derivar en situaciones de discapacidad y morbilidad y, por lo tanto, de mayor dependencia.
El correcto aporte de proteínas unido a la práctica de ejercicio físico ayuda a prevenir la sarcopenia.
El proceso de envejecimiento comporta una pérdida progresiva de la capacidad funcional de la mayoría de los órganos y estructuras corporales.
A esta disminución fisiológica progresiva se puede asociar el impacto de enfermedades agudas o crónicas.
Incluso las personas mayores sin ninguna enfermedad disminuyen su capacidad pulmonar cardiaca, renal y, en el plano motor, pierden densidad ósea y masa muscular.
Esto comporta consecuencias sobre su condición física: reducción de la fuerza muscular, de la velocidad de marcha, de la resistencia, del equilibrio y de la flexibilidad.
Finalmente, los cambios en la actividad y el rendimiento físico influyen, junto con otros factores, en el mantenimiento o la disminución de la capacidad para desarrollar las actividades de la vida diaria de manera autónoma.
Alteraciones de la masticación, enfermedades dentales: Es en la boca donde se realiza la primera fase de la digestión con la masticación, la salivación y la deglución.
La pérdida de piezas dentales y la xerostomía (sequedad de boca) dificultan la digestión.
Además, existen cambios en la sensibilidad a los sabores dulces y salados, necesitando las personas mayores más sal y más azúcar para obtener el mismo sabor. Todo ello afecta al tipo y la cantidad de la alimentación.
La pérdida de piezas dentales es debida, generalmente, a enfermedades periodontales cuya causa, a su vez, puede ser la baja relación calcio/fósforo y las bajas ingestas de vitamina D, asociada con osteoporosis. A partir de los 40 años existe afectación de la dentina y hacia los 60 se inicia el desgaste de la superficie masticatoria.
Anorexia plurifactorial /saciedad precoz: La disminución de las papilas gustativas, la atrofia de la lengua y la degeneración del nervio olfativo condicionan la pérdida de gusto y olfato y, por lo tanto, la aparición de anorexia o falta de apetito.
Esta pérdida de apetito se ve agravada por una combinación de factores socioeconómicos (edad, sexo, ingresos económicos, educación, dificultades para ir a comprar y cocinar) y patológicos (enfermedades agudas, crónicas, interacción fármacos-alimentos, presencia de discapacidades).
Además, existe una saciedad precoz por menores alteraciones en la capacidad de distensión del estómago, entre otras, y cambios en la secreción de substancias que actúan como reguladoras del apetito.
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